El ictus es uno de los problemas sanitarios más graves en los países desarrollados: constituye la primera causa de mortalidad cardiovascular en mujeres y la principal causa de discapacidad grave en el adulto. Según uno de los últimos estudios epidemiológicos realizados en España, caminar tres horas a la semana a paso ligero sería suficiente para reducir el riesgo de sufrir un ictus en mujeres. Estos resultados coinciden con los de estudios anteriores, dónde se asocia la práctica de ejercicio físico regular con una menor probabilidad de sufrir derrames cerebrales, originados por bloqueo de las arterias o ruptura de los vasos sanguíneos cerebrales.
El estudio, publicado en la revista Stroke, ha sido liderado por José María Huerta, del Servicio de Epidemiología de la Consejería de Sanidad de Murcia. Para su elaboración, se distrubuyó entre 33.000 personas un cuestionario especialmente diseñado para conocer la práctica de ejercicio físico. Posteriormente se siguió a la muestra durante 12 años, registrándose un total de 442 accidentes cerebrovasculares.
Los especialistas de SPRIM, grupo global de profesionales especializados en estrategias de salud, nutrición y bienestar, han analizado la metodología y los resultados del estudio. El efecto preventivo se ha observado en mujeres que caminan unos 210 minutos a la semana, las cuales tiene un 43 % menos de riesgo de sufrir un derrame cerebral frente a las que llevan una vida sedentaria. También tienen un menor riesgo que las que practican ejercicios de alta intensidad como montar en bicicleta. La selección de la muestra y metodología puede conllevar sesgos que afecten a estos resultados y que expliquen por qué el efecto preventivo no se ha observado en hombre. Se debe tener en cuenta que la participación en el estudio es voluntaria, por lo que no se realiza una selección estadística estratificada, y que se trata de una población muy específica. Además, según Huertas “No sabemos cuáles son las condiciones físicas de fondo de la personas que participan, solo el ejercicio que desarrollan”.
Los resultados del estudio no pueden extrapolarse por tanto a la población general, pero constituyen una prueba más de que una actividad física de intensidad moderada ayuda a prevenir los accidentes cerebrovasculares. Una buena noticia que pone de manifiesto que existen herramientas de prevención al alcance de cualquiera, ya que se puede poner en práctica con caminatas a paso ligero varias veces a la semana.






